El saldo del odio ~Lecciones por aprender a raíz del asesinato de Jorge Steven

Esta semana comenzaron las vistas preliminares que servirán para determinar causa para juicio contra Juan José Martínez, asesino confeso de Jorge Steven López Mercado. Ya todos conocemos la historia de Jorge Steven,  un joven homosexual que practicaba el transformismo y que como tal, había sido víctima de discrimen. Desde el martes tenemos detalles sobre la noche fatal en que el joven de 19 años fue brutalmente asesinado por un hombre que le solicitó favores sexuales, servicio que Jorge Steven llevaba apenas cuatro días prestando.

La polémica sobre el asesinato comenzó en noviembre, cuando encontraron el cuerpo de Jorge Steven en el barrio Guavate de Cayey el día después de los hechos. A partir de entonces, entraron en debate líderes de la comunidad homosexual y cuasi expertos de religión y moralidad. Cada cual tenía una agenda que adelantar. Y mientras tanto, muchos olvidaban lo que la madre de la victima recalcó, que su hijo fue un ser humano y por ese simple hecho no merecía lo que le ocurrió.

Al conocer la historia de Jorge Steven a través de los medios, muchos creyeron tener el derecho de emitir juicios, porque creían tener la información necesaria para hacerlo. Unos responsabilizaban al joven de su fin por practicar la prostitución, mientras que otros lo martirizaban por ser homosexual, pero todos se equivocaron. Jorge Steven no merecía morir asesinado, sin importar el que se prostituyera y noprecisamente porque fuera un crimen de odio. Jorge Steven merecía vivir simplemente porque era un ser humano.

Empero, lo mismo no quiere decir que debamos ignorar el odio a los homosexuales que profesa el asesino de Jorge Steven. De hecho, el único positivo producto de esa tragedia fue la atención que por unos momentos se le prestó al discrimen por orientación sexual, una falta que nuestra sociedad no termina de admitir. En Puerto Rico la gente utiliza insultos para hablar de los homosexuales, para luego asegurar que no les tienen fobia. Así no vamos a ninguna parte, puesto que el primer paso a la recuperación es reconocer que se tiene un problema. Sin embargo, a unos meses de lo sucedido, el tema del discrimen ya no alcanza primeras planas y los homofóbicos prosiguen con sus diatribas. Tanto ellos como sus cómplices que guardan silencio tienen la tierra hasta el cuello, ocultándose como los avestruces con tal de no admitir el mal social que el asesinato de Jorge Steven ha señalado.

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