Problemas con el “El Difícil” ~ Sobre la enseñanza del inglés en Puerto Rico

En esta semana, los periódicos del país han publicado dos noticas que giran en torno al sobre el inglés, tanta veces mal amado  por los puertorriqueños. La primera trataba sobre el proyecto más reciente de nuestro Comisionado Residente en Washington, Pedro Pierluisi, quien ha propuesto que se cuadrupliquen los fondos federales asignados para la enseñanza del inglés en el programa Título III. El Comisionado también sugiere que se incorporen maestros cuya lengua materna sea el inglés a nuestro sistema público.

Todo esto suena muy bien, de lo más acertado. No cabe duda de que aprender inglés es algo provechoso para los estudiantes puertorriqueños. Independientemente de preferencias políticas, resulta obvio que el bilingüismo es una herramienta conveniente. Por eso la propuesta de Pierluisi suena bien en papel.  El problema es ese camino pedregoso del dicho al hecho.

Para empezar, ¿cómo se supone que un maestro estadounidense se comunique con niños y jóvenes puertorriqueños? Asumiendo que el maestro domine el español, queda el problema de que hablar español es una cosa y hablar puertorriqueño es otra. Por lo tanto, para lograr una comunicación funcional, lo ideal sería reclutar  puertorriqueños con un dominio completo del inglés y eso es algo realmente difícil de encontrar en general y realmente raro en el magisterio, tanto de escuelas públicas como privadas. Esto se debe a que, usualmente, quienes cuentan con esa ventaja tienen metas o ideales de vida que los salarios de miseria que reciben los maestros no pueden costear, por lo cual optan por tomar otras profesiones.

Por lo tanto, el problema del inglés en Puerto Rico trata sobre algo más que fondos federales. En primer lugar, los ya mencionados sueldos asignados al magisterio, el menosprecio que la carrera en educación se convierta en la última opción para muchos. Hasta que eso no cambie, hasta que no se remunere justamente a los maestros, será difícil encontrar suficientes maestros de ingles de calidad que acompañen a los pocos que hoy día ensenan a los estudiantes puertorriqueños.

Por otro lado están los estudiantes, quienes, en su mayoría, deben tener unas ganas verdaderas de no aprender, como para absorber tan poco de al menos 12 años de estar tomando clases de inglés. Por lo tanto, no nos podemos enfocar únicamente en el factor dinero, sino que debemos atender el asunto desde todos sus ángulos, incluyendo la disposición -o falta de ella- de unos a ensenar y de otros a aprender. Mientras tanto, los tuertos seguirán guiando a los ciegos.

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