Mercadeando la tragedia ~ Analizando la cobertura del caso de Lorenzo

El periodismo puertorriqueño es un tema del cual se pueden hacer decenas de tesis. En particular, llama la atención la forma en que se mediatizan las tragedias personales de familias puertorriqueñas ajenas a la vida pública y la farándula, que de repente se enfrentan a un asesinato, una desaparición o problema de drogas. Años atrás, los reporteros y periodistas se limitaban a hacer preguntas insensibles. Entiéndase ese inapropiado “¿Cómo se siente?” dirigido a los miembros de una familia que acaban de enfrentar algún tipo de desdicha. Sin embargo, en tiempos recientes, el factor escándalo en las noticias reportadas a diario en nuestros medios de comunicación ha ido en aumento.

Un ejemplo de esta modalidad de periodismo es la cobertura que se le ha dado al caso de Lorenzo, el niño de ocho años cuyo asesinato el pasado 9 de marzo ha acaparado los medios. El caso contiene todos tres elementos propicios para la explotación mediática: drogas, disfuncionalidad familiar y dinero. Es este último factor el que le da originalidad a la historia. La familia de Lorenzo tiene recursos por encima de la mayoría de los puertorriqueños. No son  residentes de un residencial o una barriada. No, son de alta. Por eso entra el elemento de la complacencia malévola, porque es satisfactorio, perversamente satisfactorio, ver a la gente caer desde lo alto, mientras más alto mejor.

El hecho resulta obvio al observar como nuestra sociedad goza con los escándalos de la realeza europea, las cuchucientas amantes de Tiger Woods o las desventuras amorosas de Jennifer Aniston. El mismo fenómeno se percibe en la cobertura del caso de Lorenzo. En algún punto de nuestra evolución como sociedad, decidimos castigar a los ricos con nuestro desprecio. Nos cogimos a pecho eso de que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de los cielos” y nos regodearnos comentando sus deslices, confirmando la teoría. Es por esa misma razón que se le ha dado tanta publicidad al asesinato del niño de padres ricos.

Por otra parte, está el uso de la imagen de Lorenzo, cuya foto nos aparece por todas partes. Los periodistas le han echado mano a Facebook y adiós a la privacidad. Queda claro que quien tiene una cuenta en esa red social abre las puertas a su vida, pero no deja de ser injusto e impropio que un periodista aproveche esas circunstancias y en nombre de la libertad de prensa se violente la privacidad. No podemos olvidar que donde termina un derecho comienza el otro.

Otro asunto es del juicio a priori de Ana Cacho, la madre de Lorenzo. La directora del Departamento de Familia metió las cuatro al señalarla como sospechosa principal, aparentemente olvidándose de la discreción que exige una investigación policiaca. La Policía se apresuró en corregir a la directora, diciendo que, al momento, todos son sospechosos. Y sin embargo, los periodistas parecen continúan tratando a Ana Cacho como acusada e incluso a veces como convicta. En el olvido queda el estado de derecho que establece que uno es inocente hasta que se pruebe lo contrario. De hecho, una hojeada a los diarios da a entender que Ana Cacho es culpable de la muerte de su hijo.

Ejemplo de esto son las implicaciones que la prensa desprende al reportar que dos la mujer compartió con dos hombres en su casa la noche del asesinato. En todo caso, aun si la madre de Lorenzo fuera promiscua o algo por el estilo -como se ha sugerido y lo cual no es comprobable-, eso no significa que sea una asesina. Pero los medios no tienen ese tipo de consideraciones. Los medios de comunicación suelen quejarse de las faltas a sus derechos, pero no respetan los de los demás y eso no se justifica y no puede considerarse como buen periodismo.

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2 thoughts on “Mercadeando la tragedia ~ Analizando la cobertura del caso de Lorenzo

  1. Muy buena reflexión Carolene. Es muy cierto que los medios, finalmente como empresas, decidieron tornar la tragedia en negocio y contaminaron -y lo seguirán haciendo- la opinión pública. Ha sido un espectáculo este caso y en gran parte por los periodistas, como bien indicaste, que influenciados por la agenda editorial toman el rol de “investigadores policiales” y señalan y recrean, directa e indirectamente, culpables y escenas. Es una pena porque exaltan la profesión pero con acciones deplorables.

    N.

  2. Recuerdo que en alguna clase del bachillerato en Administración de Empreses me enseñaron que la función del periodismo era informar o sea presentar la información. JA! En PR ocurre todo lo contrario, todo el mundo editorializa. Detrás del deterioro del profesionalismo del periodismo subyace sobre todas las cosas la necesidad imperiosa del lucro a la máxima expresión posible. Los medios no quieren informar, quieren vender pautas y anuncios comerciales. Personalmente he sido testigo que información que me consta de primera mano ha sido tergiversada en los medios. No es fácil la vida en el Trópico.

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