Noviembre 2012

Desde el miércoles en la tarde, un solo tema ocupa la conciencia colectiva: el motín en el Capitolio, otro round más en el interminable combate entre estudiantes y Policías. Esa es una animosidad que se remonta a tiempos inmemorables, pero que en esta particular reencarnación comenzó en la Avenida Universidad, cuando los guardias hicieron cumplir la ordenanza del alcalde a palo limpio. Más tarde vinieron las escaramuzas frente a los portones de la UPR de Río Piedras, para luego trasladarse a la Legislatura.

Con cada nueva etapa de este prolongado enfrentamiento, el público -en su mayoría- ha expresado su apoyo a los estudiantes, proclamando su “indignación”, palabra de domingo que dadas las circunstancias ahora todos usan con frecuencia. Lo comentan con los vecinos, lo ponen en su status de Facebook y la repiten dos o tres veces si los entrevista un reportero. Pero, ¿de que sirve tanta indignación si no se hace absolutamente nada para remediar la situación?

No cabe duda de que se ha hablado mucho. Se comenta la validez del reclamo de los estudiantes a favor de la prensa, así como la forma en que algunos provocaron a los Policías. En cuanto a los uniformados,  se estudian los gestos de muchos de los uniformados, que demostraban placer genuino con cada macanazo. Por su puesto, no puede faltar el asombro ante las expresiones de tantos políticos que insisten en defender lo indefendible. Sí, se ha hablado mucho, pero no de cómo evitar que vuelva a suceder.

Pocos se han puesto a pensar que esto no empezó con la decisión de Rivera Schatz de cerrarle el paso a la prensa, sino que estaba por venir desde noviembre del 2008, cuando miles de puertorriqueños se encerraron en casetas de cartón a hacer una cruz debajo del rostro del ahora presidente de Senado. Es decir, que si queremos culpar a alguien, más allá de señalarlo a él -que no deja de ser responsable-, debemos recordar que él no se autodenominó senador, sino que Puerto Rico lo decidió así.

Así las cosas, en vez de pretender que un perro viejo aprenda trucos nuevos, debemos entender que el único remedio es sacarlo a él y a quienes lo respaldan del Capitolio. Con esto no quiero decir que nos pongamos a atacarnos unos a los otros, espetando ese “yo no voté por él…allá tú si lo hiciste” que nada remedia. En lugar de eso, debemos unirnos y coincidir en que la verdadera hora cero llegará en noviembre de 2012. La pregunta es, para entonces, ¿aún estaremos indignados? O como es uso y costumbre entre el electorado puertorriqueño, ¿olvidaremos pasadas afrentas?

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s