Excusas para la desigualdad ~ Alejandro García Padilla no se decide entre apoyar las uniones de hecho o justificar el discrimen

En entrevista con El Nuevo Día, el senador popular Alejandro García Padilla expresó su apoyo a las uniones de hecho entre personas del mismo sexo. Sin embargo, como suele suceder con los políticos, había un catch detrás de ese enunciado. El senador hizo la siguiente salvedad: “el matrimonio es un concepto religioso que el derecho adoptó, por lo tanto, como ellos fueron los que aportaron eso a la sociedad pueden reclamar que permanezca”.

Reaccionando a esa excusa de pacotilla, Pedro Serrano, reconocido activista a favor de los derechos de los homosexuales, le recordó un concepto que, como abogado, García Padilla debería conocer bien: separación entre Iglesia y Estado. Este concepto, estandarte de la democracia, limita la influencia que la Iglesia, refugio de algunos, pueda tener sobre el Estado, protector de todos.

Esta explicación, tan sencilla y contundente, debería bastar para quitarle mérito al subterfugio del legislador. El problema está en que los mismos periodistas que lanzan la pregunta sobre el matrimonio gay no se atreven a ir más allá y cuestionar las respuestas. Ni que fuera TAN difícil. Por ejemplo, se le puede ripostar que según su lógica, el divorcio tampoco debería ser permitido, puesto que algunas religiones no lo endosan y es un proceso legal derivado del matrimonio. Sin embargo, eso a nadie se le ocurre decirlo, ya sea por convicciones personales o para no perder futuras exclusivas.

En cuanto a las motivaciones de legisladores como García Padilla, seamos sinceros, no se trata de respetar las filosofías eclesiásticas, sino de ganar o perder votos. Aunque su comentario parece ser una movida a favor de los derechos de la comunidad homosexual, al final no llega a nada, se echa para atrás y se cura en salud para no provocar la ira de la derecha religiosa. No quiere parecer déspota o anticuado, pero tampoco liberal. Dios libre. Es lo mismo que ocurre siempre, nos quedamos bailando en la misma loseta.

La legislatura estuvo diez años debatiendo la reforma del código civil, se gastaron miles y miles de dólares del erario público y al final se desperdició la oportunidad de hacerle justicia a la los homosexuales. ¿Y por qué? No precisamente para defender el sacramento del matrimonio, sino para asegurar los votos de un sector que grita cada vez que el país parece progresar. Para prueba un botón basta: uno de los detractores más asiduos de las uniones de hecho era nada más y nada menos que el ilustrísimo ex senador y ahora convicto Jorge de Castro Font. Un ejemplo de devoción religiosa, ¿cierto? Bien, nada más con el testigo.

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