Porcentajes de culpa en el salpafuera causado por Earl

El lunes pasado Earl pasó por Puerto Rico, causando revuelo alrededor de la Isla. Sin embargo, aún más que el nombre de nerdo del susodicho huracán, escuchaba otro en labios de mis vecinos. Cuál sino el de nuestro controversial gobernador, Luis Fortuño. El consenso general le atribuía el que Earl nos cogiera fuera de base y la madre del ejecutivo sufrió las injurias de muchos. A riesgo de recibir mensajes iracundos por Facebook y otras redes sociales, tomo el papel de abogada del diablo y pongo mis dos centavos para decir que no estoy de acuerdo. Antes de que alguien convoque una pedrada en mi contra, me explico.

Me parece que debido a la gran cantidad de situaciones negativas que son directa e ineludiblemente culpa del Gobernador, nos ha dado por culparlo de todas. Si estoy tarde para el trabajo porque el carro no prende – Fortuño tiene la culpa. Si dejé el aro en un hoyo – Fortuño tiene la culpa. Y si el almuerzo me causó indigestión – adivinen qué…la culpa es de Fortuño.  Por ahí sigue. Con suficiente imaginación, no cabe duda de que también podemos culparlo por el calentamiento global y el agotamiento de recursos no renovables, pero… ¿de qué sirve?

La gente se llena la boca hablando y es ese mismo veneno el que termina infiltrándoles el alma, la mente y todo lo demás. Mi consejo, el cual que muchos rechazarán, es abstenerse, en la medida de lo posible. Se trata de evitar revolcarse la bilis despotricando en contra del mandatario a la menor provocación. Cuando menos, así guardan fuerzas para todas las demás ocasiones en que una buena rabieta es completamente justificable y casi casi obligación patriótica. Este no es un llamado a tirar toalla, sino al raciocinio frío y calculado.

Tomemos el caso del dichoso Earl como práctica. Antes de señalar al gobernador como responsable de esas horas en el tapón, que tal si ponemos a un lado los pasados conflictos y nos concentramos en esta instancia. Primeramente, recordaremos que Fortuño es abogado, no meteorólogo. Los que se dedican a la incierta ciencia del clima metieron la pata, y el gobernador los siguió sin saberlo, lo mismo que cualquier otro en su posición haría. A ese hecho añadimos que nada de esto hubiera sucedido si no fuera por el capricho de la Madre Naturaleza.

Por último, no podemos olvidar nuestra poca aptitud para los desastres y tendencia hacia el desbalance emocional en esos casos. Esto lo podemos excusar en parte porque es bastante natural reaccionar como gallinas sin cabeza ante el asomo de una emergencia y furiosos en medio de los tapones (aunque a estas alturas de nuestro hacinamiento metropolitano deberíamos estar acostumbrados).

A base de estos factores, calculo los porcentajes de culpa:

  • 30% a Earl, por indeciso e imperioso
  • 30% a Fortuño, por su falta de sentido común al enviar a la gente al trabajo y la escuela a pesar de la evidencia climática plasmada en el cielo
  • 30% a los Meteorólogos, por fallarnos una vez más
  • 10% a Nosotros Mismos, por falta de auto control y sentido de orden

Sin duda, habrán muchos que no estarán de acuerdo con mis cálculos, pero la verdad es que son tentativos. Lo importante no es que coincidan exactamente, sino que por lo menos, estén de acuerdo en que la culpa debe repartirse. Pero más importante, que reflexionen sobre la prudencia de seguir en el mismo queja que te queja. Dicen que el odio no le hace daño al receptor, sino al emisor. A Fortuño ni le va ni le viene, y nosotros aquí que reventamos. Al final, a menos que nos dé por el residenciamiento, la solución para todas esas protestas está a dos años de distancia. Mientras tanto, para mantener la salud, nos toca cambiar de hábitos. Los demás organismos vivos lo hacen; es cuestión de tratar.

Nota al calce: Recalco que en mis porcentajes no incluí a los empleados de la AEE, a quienes se culpa injustamente y sin los cuales ni temprano ni tarde tendríamos el servicio de energía eléctrica de vuelta.

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2 thoughts on “Porcentajes de culpa en el salpafuera causado por Earl

  1. Buen comentario, Carolene, pero no estoy de acuerdo contigo en lo de los meteorólogos. No les echo la culpa de nada. Ellos estaban claros y nos lo explicaron todo como a nenes de kinder. Nada más había que escuchar a Ada Monzón dando clases de meteorología “for dummies”: “Earl es huracán. Los vientos de huracán están en la parte norte. Los vientos que nos van a alcanzar son los de la parte sur, que son de tormenta. Por lo tanto, tenemos aviso de tormenta.”

    Desde que tengo uso de razón, decir “aviso” ya sea de tormenta o huracán, como eso quiere decir que viene porque viene, pues automáticamente eso quería decir 0 clases, 0 trabajo. ¿Ahora porque es “tormenta” eso quiere decir que es menos peligrosa y que podemos coger clases y trabajar? No, al contrario, yo creo que hasta las ondas tropicales y las vaguadas son hasta más peligrosas que los huracanes y las tormentas porque hay más lluvia. Creo que se ha perdido ese sentido de asegurarse antes que trabajar; de evitar el peligro.

    Los meteorologos dijeron lo que tenían que decir. Otro cantar sería si ellos le dijeron al gobierno que sí se podía trabajar bajo esas condiciones, cosa que creo no les compete.

    • Entiendo tu perspectiva y no puedo decir que haya escuchado a Ada Monzón particularmente, pero si otros reportes previos a ese no tan fatídico lunes, que enfatizaban el hecho de que la tormenta no llegaba a Puerto Rico, que lo que ibamos a coger era un poco de agua y bueno, agua cogemos por distintas partes todos los días y fue por eso que incluí a los meteorólogos aunque concedo que no tienen culpa de lo incierta que es su materia…

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