Hasta la vista, baby ~ Adiós a Figueroa Sancha

El pasado fin de semana, los rotativos del país anunciaron la salida de José Figueroa Sancha de la Superintendencia de la Policía de Puerto Rico. Según El Nuevo Día, el ex súper estaba “en shock”. Tal vez muchos otros lectores tuvieron reacciones similares, no porque su gestión fuera distinguida, sino porque el gobierno (incluyendo, pero no limitándose al Gobernador) se había empeñado en insistir que sus estrategias daban resultados. Los cuerpos acribillados a lo largo y ancho de la Isla, listos para las cámaras de las noticias de las 6, los desmentían, pero ellos se amparaban en estadísticas truqueadas.

Sin embargo, al parecer no pudieron sostener el acto y el final inevitable era la patada a Figueroa Sancha, en si una admisión de todo lo que habían negado anteriormente. Claro que en un principio trataron de hacerlo pasar como que el ex Súper presentó la renuncia por cuenta propia, pero una vez fuera  ya no había lealtades que valieran y Figueroa Sancha reveló que se le había pedido la renuncia. Nada nuevo, todo de esperarse.

Después de todo, si lo vemos desde el punto de vista de la empresa privada, Figueroa Sancha era un empleado de la alta gerencia que no cumplió con las expectativas de sus superiores. Ergo, el despido era una eventualidad natural. Ahora bien, el drama entre Figueroa Sancha y Fortuño aparte, (¡¿qué pasara con su bonita amistad?!) la verdadera incógnita es si la criminalidad, la susodicha  ola, tiene algo que ver con quien está al mando de la Policía. O sea, ¿realmente puede Figueroa Sancha, o cualquier otro hombre sin súper poderes de Marvel hacer algo al respecto? ¿Qué va a cambiar una vez se nombre a un Superintendente en propiedad en los próximos días?

Las probabilidades a favor de un freno son pocas si repiten las mismas tácticas (operativo, tras operativo tras operativo) en espera de un resultado diferente. Por tanto, ¿cuáles son las alternativas? Como tantas otras cosas, la solución nos toca a todos. Se trata de unir esfuerzos, tanto gubernamentales, como privados. Desde un compromiso del Ejecutivo con la educación, pasando por el senador que presente un proyecto de creación de empleos, incluyendo al empresario que pueda hacer una donación para un programa estudiantil y sin olvidar al padre o madre de familia que se encargue de la educación moral de sus hijos, de dejarles claro que Scarface no debe ser un modelo a seguir. El tostón no es de la Policía, por más que tratemos de achacárselo y hasta que no lo aceptemos y hagamos algo al respecto, es poco lo que ellos pueden hacer.

 

 

 

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