Del amor, la política y otros demonios ~ El fin del romance y la carrera de Héctor Ferrer

Al parecer, todos, desde el legislador más corrupto, hasta el mata puercos del barrio, tenemos una opinión respecto a los amores y desamores del ex representante Héctor Ferrer y la madre de su hijo, Eliza Hernández.

“El calvito ese se las trae” dice la vecina.
“Esa es una buscona” dice la abuela.
“Pobre muchacho” dice el panadero.
“Qué poca vergüenza” dice la beautician.

Y a todas estas, ¿qué es lo que realmente sabemos? En esta comedia de errores los actores se han esforzado por mantenernos confundidos.

Primero, nos enteramos de que hubo un incidente de violencia doméstica y viviendo en la sociedad que vivimos, damos por sentado que Ferrer le entró a palos a la esposa. Más tarde, caemos en cuenta de que no hubo violencia física, sino un altercado verbal en el cual la tablilla de un clóset fue casualidad de guerra. Son muchos los que solo así se enteran de que la violencia verbal está entre las prohibiciones de la Ley 54.

Mientras discutimos sobre la justicia o injusticia de esta parte de la ley, nos enteramos de que la pareja no estaba casada y Eliza, que según aprendemos, es estudiante de Derecho, le pone una orden de protección a Héctor, solo para quitarla poco después.

Entre tanto, todos especulamos sobre qué llevó a esta fotogénica pareja hasta este punto. Más aún, disectamos las expresiones de los políticos del partido contrario, en especial las del contrincante de Héctor, el controvertible alcalde capitalino. Nos decepcionamos con todo el “espacio” que le dan a la pareja, y nos conformamos con llamarlos hipócritas, como si nosotros no lo seríamos de estar en su lugar. Por su parte, La Comay le hecha leña a este fuego popular al intimar que no fue la suegra, sino la tía penepé de Eliza, quien llamó a la Policía.

¡Pero eso no es todo! ¡Hay más! Eliza provoca el clímax de esta historia y le regala una portada más a los periódicos al asegurar que la presionaron a radicar cargos contra su ex y que incluso la exhortaron a buscar trabajo como abogada en la Procuraduría de la Mujer. Como diría Titi Sila, ¡Qué vergüenza para el pueblo de Puerto Rico!

Empero, el Gobierno no se da por vencido, y en medio de nuevas acusaciones fundamentadas en la información provista por vecinos anónimos, Héctor Ferrer renuncia a todos sus puestos políticos, incluyendo la candidatura por la alcaldía de San Juan.

Se acaba la historia, pero nos quedamos con varias preguntas: ¿a qué Eliza debemos creerle? ¿ a la víctima de violencia doméstica, o a la víctima de persecución política? ¿quién será el cordero de sacrificio que correrá contra Santini? ¿la renuncia de Héctor, luego de que asegurara lo contrario, es una admisión de culpa? ¿será esto lo último que sepamos de Héctor Ferrer, o resurgirá de entre las cenizas como todo un fénix revindicado? Y por último, pero no menos importante, ¿qué crimen cometió el pobre clóset para merecer ser ultrajado?

P.D. ¿No sería cómico si a Gabriel Laborde le diera por dejarse de bromas y correr en serio? Su eslogan de campaña, “Con Laborde al mando, todos guisamos”, sería el primero que podríamos creer sin reservas.

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